Política
Declaración

VIDEO | Gabriela Flores admitió que su hijo usó pasajes del Congreso: "Podemos asignarlos a quienes queramos"

La diputada nacional por Salta aseguró que los viáticos incluyen tickets aéreos que pueden destinarse libremente, aunque la normativa establece que deben usarse para funciones oficiales.

Se vendieron como distintos, y hasta tal vez algunos lo sean. Lo cierto es que con el paso de los días surgen manifiestos abusos de privilegios.

"La Casta está en Orden", podría haber afirmado algún chistoso por allí para referirse al último escándalo libertario. Y no, no tiene que ver con Manuel Adorni. Esta vez la mugre comienza a notarse en el norte del país, hablamos de la provincia de Salta.

Y es que en plena entrevista y de manera escandalosa, una legisladora libertaria se jactó de utilizar los pasajes que le provee la Honorable Cámara de Diputados de la Nación, para beneficio familiar. Y si hay algo en lo que estamos todos de acuerdo en este país es que eso se llama: “Hacer uso de privilegios”.

“Mi hijo estudia acá en Buenos Aires y en alguna oportunidad puede haber hecho uso de pasajes del congreso, eso no es ningún delito”, aseguró la diputada nacional Gabriela Flores en vivo en plena entrevista radial.

“Nosotros los legisladores tenemos la posibilidad de elegir los viáticos, te pueden dar pasajes de avión para vos, pasajes de avión para vos, para que vos puedas destinar a quien vos quieras”, aseguró al ser indagada.

Sin embargo, no hace falta un coeficiente intelectual demasiado alto para comprender que todos esos viáticos y pasajes, almuerzos y cenas, no tienen que tener otro destino que el de funcionar como complementos de la gestión legislativa en absoluto beneficio del pueblo y no de su propia familia, o sea: ni para vacaciones, ni para familiares u amigos, ni para el disfrute subjetivo.

Pero allí donde hay grises es donde afloran las ventajas, las oportunidades y los privilegios. Que un legislador hable de tener “derechos de” o “presupuestos para”, y esto sea entendido como algo de uso privado del legislador, no es más que la defensa de los privilegios de casta, y Flores lo hizo sin ningún tipo de vergüenza al respecto.

La diputada marcó la cancha asegurando que dichos pasajes (200 mil pesos cada uno, saque usted las cuentas) “le corresponden”.

Sacando todo tipo de dudas al respecto, la normativa regulada por la RP número 333/2024 ordena que el uso de pasajes está reservado exclusivamente para las funciones legislativas. Que un abogado no pueda dilucidar unas líneas tan sencillas habla de mala intención o de la baja competencia de los titulos de las universidades privadas a distancia. Por ejemplo, en donde se tituló la referida legisladora, ya hablaremos al respecto.

Sin embargo, y mal que le pese a la diputada, la completa naturalidad y desparpajo con el que emitió tan ridículas declaraciones solo pueden ser plausibles de repudio y rechazo. Desde La Libertad Avanza se publicitan minuto a minuto como diferentes, pero en realidad son lo mismo, o peores.

Sin ningún tipo de vergüenza y a pesar de lo mal que lo pasan millones de argentinos, que un legislador haga ostentación de supuestos “derechos adquiridos” que benefician a sus propias arcas o las de sus familiares, es como poco repudiable y eso por no decir execrable.

En un contexto de cierre de fábricas, economía frías y estanflación, los argentinos de a pie la pelean día a día para sobrevivir, dejando sumas suntuosas en impuestos para que el estado funcione.

En contraste, La diputada nacional Gabriela Flores utiliza recursos públicos para solventar los contantes viajes en avión de un familiar directo, que tiene el privilegio de poder estudiar en la UBA. No es una necesidad, es un lujo. No debe solventarse con fondos del erario público, debe solventarlo la propia diputada, que por cierto, recibe un oneroso sueldo gracias a todos y cada uno de los contribuyentes de este país.

Sin embargo, Flores olvida sus orígenes. Hace cinco meses, la actual diputada tenía que juntar poroto sobre poroto para llegar a fin de mes. Periodista mal paga de poca llegada mediática, casi desconocida, también asistía en producciones de colegas con más relevancia. Y durante los fines de semana ejercía su verdadero oficio: sommelier. Gabriela Flores oficiaba de asesora en stands de algunas bodegas salteñas.

Luego, y en tiempo récord gracias a las ofertas del mercado, logró un titulo universitario de leyes. Todo bajo el beneficio de los exámenes reducidos bajo la modalidad del múltiple choice. Títulos de bajo nivel para reforzar las posibilidades de ingreso a la función pública. De litigar, ni hablemos.

Pero un día, y por mandato divino, se le presentó la oportunidad de su vida: ser parte de una lista en el partido político de moda y que arrastra candidatos impresentables a ocupar bancas para las que no están, ética ni moralmente preparados. La política argentina navega por su peor momento y la solución comienza a mostrarse peor que el propio problema.

Así, y con total desparpajo, son muchas las preguntas que hoy debemos respondernos. O mejor dicho, son muchas las preguntas que la propia legisladora debe comenzar a respondernos a nosotros, los contribuyentes.

¿Cuántos pasajes destina por mes un diputado nacional para beneficios familiares? ¿Quién paga la estadía de familiares, alquileres, transporte, comidas? ¿por qué los contribuyentes de más bajos recursos deben mantener a esa casta de estafadores que se vendieron como distintos y hoy solo calientan una silla esperando que les digan cómo y cuándo levantar la mano?

No eran distintos, nunca lo fueron. Son solo la versión 2.0 de los peor de la política argentina, y ya estamos comenzando a darnos cuenta.

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